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viernes, 24 mayo 2024

Orgullo de las mujeres lesbianas con discapacidad

Servimedia

Ángeles Blanco es abogada, periodista y auxiliar de enfermería. La polifacética profesional cuenta con un expediente tan impoluto como su apellido, pero hay un «lamentable» borrón en su biografía. Con 23 años recibió una brutal paliza por pasear junto a su novia. «Creí que me mataban», recuerda esta letrada que hoy lucha por los derechos de las mujeres LGTBI+ con discapacidad como ella.

A sus 38 años, Ángeles confiesa en una entrevista a Servimedia que no hizo pública su condición de mujer lesbiana hasta su último trabajo como asesora legal en la Confederación Aspace. En su caso, llegó primero la diversidad sexual, y después lo hizo la discapacidad.

«Después, a los 27 me diagnosticaron una enfermedad degenerativa de las articulaciones que me condujo a una situación de una discapacidad sobrevenida», explica.

Víctima de delito de odio

Esta joven curtida en multitud de batallas judiciales en defensa del colectivo LGTBI+ con discapacidad no logra sacudirse el miedo cuando se encuentra sola frente a un tumulto de personas o, simplemente, cae la noche. «Fue en el 2007. Yo tenía 23 años y venía de fiesta», rememora Ángeles. Cuatro desconocidos que la habían visto con su pareja se le acercaron y subraya: «Todavía no tenía ni la discapacidad».

Fotografía: Servimedia.

Le dieron una brutal paliza: patadas, golpes, puñetazos hasta que alguien alertó a la Policía. «Si no llega a ser por esa persona no habría salido viva», asevera la joven, que tuvo secuelas físicas durante seis meses y que tras el incidente se «armarizó» de nuevo, verbo que ha acuñado para referirse a regresar al anonimato de su condición sexual. Tuvo que pasar el tiempo y curarse todas las heridas para poder hablar de ello. «Decir públicamente que has sido víctima de un delito de odio no es nada sencillo», declara Ángeles.

Pese a haber superado gran parte de sus miedos, reconoce que ahora algunos fantasmas han regresado y con más fuerza. «Siempre he sido una persona autónoma, pero hace cuatro meses la enfermedad avanzó. He perdido la fuerza y la movilidad de mi pierna izquierda», reconoce. De modo que tiene que echar mano de las muletas para traslados cortos o incluso de una silla de ruedas. «Cuando asumes la discapacidad es un proceso de duelo, un duelo de capacidades, como yo lo llamo. En mi en mi caso, al tratarse de una enfermedad degenerativa es un proceso que no se acaba nunca», explica.

Tras la agresión, la joven asume que le ha dejado cicatrices permanentes. «Tengo pánico a que me vuelva a suceder. Han pasado 15 años de aquello y soy incapaz de volver de noche sola a mi casa». Ahora que se ve obligada a moverse en silla de ruedas confiesa que se siente «más vulnerable y expuesta».

Pese a encontrarse en un periodo de adaptación a su nueva vida, Ángeles ha hecho lo que mejor se le da: levantarse y continuar luchando. Por eso, ha querido estar presente este sábado en la gran manifestación estatal del Orgullo 2023 a la cabeza de la pancarta de las asociaciones en Madrid.

Fotografía: Servimedia.

Lesbiana y con discapacidad

«Hasta los 27 años era una mujer sin discapacidad y, a partir de esa edad me convertí en una mujer con pluridiscapacidad», relata. Sin tener aún un diagnóstico certero, le indican que se trata de una patología degenerativa y que debe someterse a dos importantes operaciones quirúrgicas. En un momento dado, la cosa se complica y como resultado de tanta intervención se dañan los filamentos de la membrana y pierde la capacidad auditiva de un oído.

Pero Ángeles se caracteriza por ser luchadora tanto en los tribunales como fuera de ellos. No se esconde y considera que se conoce mucho más de la homosexualidad en hombres que en mujeres. «Pasamos muy desapercibidas». Y se lamenta de que haya pocos refrentes de mujeres lesbianas con discapacidad.

«Es una situación de discriminación interseccional que se aborda muy poco». La experta en derecho habla de los estigmas que rodean a las mujeres con discapacidad. «Esa posición en la que no somos seres deseantes ni deseables y estamos sujetas a infantilización». «Soy mujer con discapacidad LGTBI+ y soy creyente», afirma con contundencia. «Al pertenecer a diferentes minorías no acabas de encajar en ningún sitio», se lamenta.

Ángeles es el resultado de la suma de todos y cado uno de esos vectores, pero también de la forma única que tienen de hacerlo: tangencial, perpendicular, intermitentemente. Cada persona con sus variables y coordenadas debería poder encontrar su lugar en mundo.

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