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«Mi mundo, tú», donde se narra cómo y dónde se conocieron Paquita y Laureano: en Fuendemoyas, su pueblo, en el cumpleaños del Minganilla, celebrado en el cocherón de la Categórica, cuando ambos eran ya «mocitos viejos», pero casi intactos, y sonaba una dulzona canción amorosa de Camilo Sesto que los uniría para siempre o hasta esta noche, posiblemente la última, en la que la inmovilizada y temperamental Paquita desea morir asistida por un Laureano indeciso, desmemoriado y torpón.